Thursday, February 03, 2005

# 84

Para cavar un hueco en la memoria
no bastan las manos
ni la sangre
ni la savia;
para dejar un hueco limpio,
sin llenarse de tierra, sin sudar bajo el sol
y sentir los labios resquebrajarse con la sal
es necesaria una dosis de locura,
de vidrios rotos,
aguas azules,
putrefactas,
teñidas del moho de las entrañas.

Para no tener pico, pala ni uñas
se necesitan otros fluidos,
otras herramientas de aire nocturno,
de pesadillas ignoradas,
de cenas de exabrupto,
de ajenidad descontexto
y otros calificativos.

Para cavar un hueco en la memoria
haría falta más de una línea;
se necesitaría tal vez un puñal,
tal vez,
al final,
un desencuentro.

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